Producción vitivinícola en cuyo 1890-1916
En el
interior del país gracias a la inversión de la infraestructura, Mendoza y
Tucuman, desarrollan la industria vitivinícola y azucarera. El estado nacional
tuvo activa participación en el desarrollo de la agroindustria, pues intervino
con medidas de protección con tarifas aduaneras o mediante la regulación del
mercado. Surgieron bodegas exportadoras en Mendoza que produjeron cambios
notorios en la industria del vino. Se abrieron oficinas por todo el país, el
aumento del consumo vino de la mando de la inmigración que tenía entre sus
hábitos el consumo de estos productos, conjuntamente con la evolución de
migración interna golondrina que venía a trabajar para el momento de levantar
la cosecha.
La
tonelería fue una de las actividades inducidas por la vitivinicultura moderna
en San Juan desde fines del siglo XIX. La mayoría de los toneleros fueron inmigrantes
provenientes de países vitivinícolas europeos, principalmente españoles e
italianos. Fundaron talleres autónomos o, la mayoría, trabajaron en las
tonelerías que funcionaron en el interior de las bodegas. Además de identificar
los toneleros que abrieron sus propias unidades de producción, el trabajo
destaca, entre otros aspectos, el rol de los comerciantes de vasijas y madera
para reparar y armar los envases así como algunos problemas que debió enfrentar
la actividad en sus inicios, los vínculos con la actividad metalúrgica y las
huelgas de los toneleros que operaban en las bodegas
La promoción estatal,
materializada a través de la exención de impuestos provinciales provocó un
crecimiento exponencial de la viticultura. Entre 1881 y 1902 se iniciaron unos
3.200 viñedos modernos que cubrían más de 20.000 ha; hacia 1911 se superaban
las 50.000 ha y, para 1914, más de 70.000 ha se repartían en 6.160
explotaciones. El cambio espacial y económico fue de una magnitud sin
precedentes. Se impuso una gran densidad de cepas por hectárea para alcanzar
una alta rentabilidad en las nuevas explotaciones que, en su mayoría, eran
menores de 5 ha. Para ello, en muy pocos años, los nuevos viñedos se
intensificaron, en especial los de cepas francesas.
Los viñedos implantados
entre las décadas de 1880 y 1910, fueron desarrollados con técnicas de
plantación, conducción, poda y riego dirigidas a lograr sólo una gran
producción. Los grandes rendimientos que se fueron obteniendo aumentaron la
oferta de uva, vinificada casi en su totalidad. Estos cambios iniciaron un
importante proceso de sustitución de importaciones, con la cual se buscaba
satisfacer crecientemente la expansiva demanda de vinos en el mercado nacional.
La
primer crisis vitivinícola, 1901-1903, y el ciclo de expansión, 1904-1912
Esta gran crisis del
principal motor económico provincial respondió a causas extrarregionales. En el
segundo semestre de 1901 las bodegas tenían elevadas existencias de vino
(genuino y falsificado), algo inusual en años normales, y se registraba una
abrupta caída de la demanda, vinculada con la combinación de diversos factores:
una crisis financiera y del comercio internacional, fuga de capitales,
iliquidez monetaria, contracción del crédito bancario, grandes pérdidas por
inundaciones en la provincia de Buenos Aires y, entre otras cuestiones, la
posibilidad de una guerra con Chile. Un dramático descenso de los precios de la
uva y del vino instaló rápidamente situaciones económico-sociales graves,
afectando a la producción, al sistema bancario y el empleo.
Hacia 1905, nuevamente los
ferroviarios encabezaron las huelgas, pero también las hubo por reclamos
diversos en los gremios de carpinteros, talabarteros, albañiles, panaderos,
repartidores de pan, etc., lo que sugiere que la crisis había quedado atrás y
que la organización obrera avanzaba. Como vemos, ya los gremios del sector de
panificación, cuyos dirigentes expresaban sus puntos de vista y objetivos en
1914, figuran entre los que encabezaron conflictos en los comienzos de siglo.
Mendoza había salido con
relativa rapidez de la primera gran crisis de la vitivinicultura del siglo XX;
para los trabajadores, sin embargo, parecía una eterna depresión, con sus
salarios reducidos o congelados. Y no era un problema sólo padecido por los
vitivinícolas; toda la cadena se veía afectada, comenzando por las actividades
conexas del motor económico regional, pero también por el sector público, cuyos
trabajadores eran cesanteados, sus salarios reducidos o veían postergado el
pago de los mismos durante meses como consecuencia de la caída en los ingresos
tributarios por la aplicación de medidas que habían profundizado el ciclo
recesivo.
Nueva
crisis, 1913-1916
Al comenzar cada año, las
existencias de vino en bodega marcaban la posible evolución de los precios de
la uva de la vendimia que se iniciaba a fines de febrero. En enero de 1913, según
una investigación reciente, se registraba un fuerte aumento del stock vínico
que alcanzaba un 34,6% sobre el total de lo producido el año anterior. Se
estaba, entonces, ante el comienzo de una nueva crisis del principal sector
económico local, originada en factores no controlables desde Mendoza, que
resultaron convergentes. Por una parte, a raíz del conflicto entre
productores-arrendatarios y propietarios en las colonias agrícolas del Litoral
durante 1912 disminuyó la venta de vino fuera de Mendoza, contribuyendo a la
formación del referido excedente vínico; por otra, la entrada en producción,
entre 1912 y 1913, de 13.000 ha de nuevos viñedos suponía un fuerte aumento del
volumen de vino elaborado en momentos de caída del consumo.
A estos factores
extrarregionales se sumó la fuga del oro, la contracción consecuente del
circulante y el crédito entre abril de 1913 y agosto de 1914, cuando la Primera
Guerra obligaba a suspender la convertibilidad del peso. "Consecuentemente
se pasó de una crisis corta, similar a la de 1901-1903, a un proceso de mayor
duración y profundidad."
El impacto en la economía
regional fue de gran magnitud y, pese a que hacia fines de 1914 había una
ligera reducción de las existencias vínicas y se entonaban un poco los precios,
la recesión continuaría por varios años. No obstante, como la economía regional
vitivinícola estaba orientada casi exclusivamente al mercado interno, el
principal sector creció y continuó sustituyendo las importaciones vínicas
europeas y emprendió algunas exportaciones a países sudamericanos aprovechando
mercados dejados vacantes por la guerra; otras actividades conexas también
reemplazaron importaciones lo cual, junto con la repatriación de europeos,
atenuó sin duda los efectos recesivos
GLORIA Y NILDA



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